They fly the skies,
color the wind
and follow the stars,
just like a dream.
They’d like you to join
and play with the clouds.
They’d like you to enjoy
and smile. There’s no doubt!
_____Adriana Citlali
XIX-X-MMXIII
Over at dVerse, Victoria encourages us to write poetry for children. My muse today was on a completely different spirit, though, as you can read in “A passing shadow“. So I must confess that writing a poem for children has been a real and fun challenge. I tried my best…
oh how they color wind!
I love watching them.
This is a delight…and this is a perfect time of year to play with the clouds!
Butteflies and clouds … what delight.
nice…i always thought of butterflies as beautiful little sky dancers…in their brightly colored tutus….and i def would not mind to play with them…
Wondrous and delightful… 🙂
-HA
Thank you for your nice comments! I appreciate them all.
Delightfully woven 🙂
Citlali: star in nahuatl.
¡Muy cierto! Se dice que Citlali se refiere a “la estrella del amanecer”, que en realidad es Venus. ¡Saludos!
Es bonito el nahuatl, no sé si conoces el poema de Natalio Hernández, que se titula Citlalmina. Significa la Flechadora de estrellas, y está bellísimo, narra la historia de una heroína.
No he leído ese poema, pero ahora está en mi lista de pendientes. Ya me reportaré después de leerlo.
Es difícil de encontrar, yo lo tengo en el libro: Canto nuevo de Anahuac, de Natalio Hernández. Lo encuentras en la fundación de escritores en lengua indígena cuya cede está en el centro de la ciudad de México, y en algunas compilaciones de otras editoriales.
La lectura tendrá entonces que esperar a mi siguiente viaje a México. 🙂
Yo te lo puedo pasar, y ya cuando vengas visitas la fundación.
Gracias 🙂
O sea que sí te lo paso, o no?
Te agradeceré si me lo pasas.
Flechadora de estrellas (Sitlalmina, Natalio Hernández)
Bajó de la montaña altiva, serena,
con paso firme y seguro;
sus cabellos semejaban
a los cabellos e Xilonen
la diosa joven del maíz.
Su piel morena
reflejaba el color de nuestra Madre Tierra;
sus manos, sin dejar de ser bellas,
denotaban trabajo, fuerza y movimiento.
Sí, era ella: Sitlalmina,
la flechadora de estrellas
la mujer del Anáhuac,
bajaba de la montaña
decidida a luchar en defensa de su pueblo.
Su presencia
denotaba respeto y admiración;
su voz y su palabra
contenían la sabiduría ancestral de sus abuelos.
Manifestaba con optimismo
pasión y convicción
que era posible recuperar la grandeza del Anáhuac
como lo hicieron hace muchos años
sus abuelos y sus mayores.
Los hombres del Anáhuac, por su parte,
poco a poco fueron creyendo en el mensaje
y en la lucha de Sitlalmina,
para ellos, era como despertar de un profundo sueño:
sueño que con el tiempo se iba transformando en
realidad.
Desde entonces,
el pueblo empezó a cambiar de actitudes
y todos los hombres trabajaron
pensando con optimismo en el mañana;
trabajaron pensando en sus hijos
y en los hijos de sus hijos.
Enseñaron a los niños a usar las manos
para cultivar la tierra,
a amar la naturaleza y a sembrar árboles
para curar a nuestra Madre Tierra
de las grandes devastaciones
que había sufrido en los últimos años.
Todos los estudiantes del calmecac
abandonaron sus aulas,
salieron a contemplar lo que sucedía
fuera de los grandes edificios;
ahí encontraron a todos los hombres del pueblo
construyendo el tiempo nuevo
entre flores y cantos.
Conmovidos por la emoción,
la alegría y la fuerza que irradiaban los corazones
de los hombres del pueblo,
niños y jóvenes de todos los calmecac y telpochcali
se sumaron a la construcción
del tiempo nuevo para el hombre nuevo;
su trabajo y su canto trascendió
hacia todos los rumbos del universo.